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Vinos y clásicos: la frutilla del postre de Autoclásica 2015
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Asistimos a una charla y degustación organizada por Trapiche para conocer varios detalles de algunos de los vehículos más emblemáticos de la muestra y probar su exclusiva línea Fond de Cave. Un recorrida entre autos, anécdotas y deliciosos bocados y bebidas.

El vino, en cierta forma, también puede ser como los autos: con los años se convierten en un clásico… y reflejan además, una evolución, un cambio contínuo en busca de la superación.

Esta comparación fue la excusa perfecta para unir una prestigiosa y selecta muestra como Autoclásica con una marca que reúne estos mismos atributos: las bodegas Trapiche, para su línea de productos Fond de Cave, que se lució con su stand en el sector vip del evento, frente al escenario donde algunas pocas horas atrás la exhibición había sido inaugurada oficialmente. Si algo le faltaba a esta combinación, era una charla interesante y ese detalle no iba a ser pasado por alto, es más, fue el nexo para unir estos dos mundos.

Guillermo Sanchez, arquitecto y especialista en diseño y autos clásicos, fue el encargado de llevarnos en un viaje en el tiempo, a aquellos años en los que nacían algunas de las marcas más admiradas y legendarias en el ambiente automovilístico. Una charla que lejos estuvo de parecerse a una lección de historia o recorrida de museo. Todo lo contrario, el anfitrión condujo una charla amena, interesante y entretenida en la que nos contó a los 20 invitados aproximadamente, los detalles y pormenores de dos automotrices que representan un icono para propios y ajenos en la materia: Ferrari y Bugatti.

Fue así que luego de admirar el diseño de los Jaguar E-Type y Alfa Romeo de comienzo del recorrido, pudimos conocer más de cerca la pasión de Don Enzo Ferrari por la competición y su insistencia en mantenerse como director del equipo deportivo. Tal fue esa afición que en los ’60 rechazó la venta de su marca a Ford (como venganza, la marca del óvalo creó al GT-40, para humillar al commendatore, pero esa ya es otra historia…) porque el gigante de Detroit no le permitía conservar su puesto al frente de la Scudería. Ferrari fabricaba los autos de calle como excusa y medio para poder cubrir los gastos en las pistas. Pero las anécdotas sobre il cavallino rampante no terminaron allí. Otra curiosidad fue la reunión entre Enzo y Battista Pininfarina, en la que Sergio (el hijo del fundador del Estudio de Diseño) debió ser el intermediario para que ambos puedan llegar a un acuerdo. Este encuentro se realizó en una trattoria ubicada exactamente a mitad de camino entre Módena y Torino, para lograr igualdad de condiciones entre ambos. Finalmente esa reunión fue tan exitosa que la alianza entre Ferrari y Pininfarina continúa hasta el día de hoy.

Una línea de tiempo que muestra la evolución de Fond de Cave.

Una línea de tiempo que muestra la evolución de Fond de Cave.

Tras un repaso por el estilo de las líneas de las 250, Dino, Daytona y Testarossa, pasamos a otro mito sobre ruedas, la firma creada por Ettore Bugatti -que según el propio historiador- posee varias similitudes con la de su par italiano, especialmente su costado más deportivo. Pero lo distintivo de la marca de Alsacia (por entonces territorio alemán, que después terminó bajo el dominio francés) fue su diseño, el crear obras de arte asociadas al lujo, la opulencia y el alto rendimiento, con piezas diseñadas en su totalidad –hasta los tornillos- por la familia Bugatti (Rembrandt, hermano del fundador, y Jean, hijo de Ettore). Su origen como artesanos denotaba esa dedicación por la estética, en contraste con la ingeniería (sus primeros autos padecieron problemas de temperatura y frenos, aunque con el correr de los años pudieron resolverlos). Esta obsesión por los detalles los llevó a ser los creadores de las llantas de aleación (implementadas por su rigidez y ligereza) durante la década del treinta, elemento que sus competidores –que mantenían las clásicas llantas con rayos- recién empezaron a adoptar casi cuarenta años después.

Finalizado el interesantísimo relato, volvimos al elegante stand de Trapiche, decorado con miniaturas, libros y cuadros, además de amplios sillones y mesas como un fino restaurant, para degustar algunos platos y las variedades de la bodega.

Agradecemos especialmente por la invitación, buena onda y amabilidad, a Mariela Silvi, Mayra Maioli y Mariana Stacchiola del staff de Trapiche y al arquitecto Guillermo Sánchez, quienes nos permitieron disfrutar de un momento único entre autos, historia y buen gusto.

¿Que si hicimos fondo blanco? Claro que no… Una sola copa nos bastó, bebida pausadamente y de a sorbos…

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Jonathan Romero