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Test: Volkswagen Polo Comfortline 1.6 Tiptronic
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Formando parte de un replanteo general de la gama Volkswagen, el nuevo Polo llegó a la Argentina para ocupar el espacio del discontinuado Bora. Por qué no logra reemplazarlo pero sí forma parte de un revival emocional para muchos de nosotros. Fotos por Manu Fernández.

De esos cuatro best sellers de la marca alemana, apenas dos quedaron en pie luego de una importante reestructuración de su gama de productos. De esa manera el Voyage quedó como el sedán más accesible (reemplazando al Polo de anterior generación) y el Vento se ubicó como la opción siguiente, intentando cubrir parcialmente la oferta del discontinuado Bora sumando la avejentada motorización naftera 2.0 de 115cv como entrada de gama.

Pero bueno, vamos a dejar las cosas claras. Ni un Voyage extremadamente full ni un Vento muy pelado pueden reemplazar un éxito indiscutido como el Bora, que además tenía una de las mejores relaciones peso-potencia en su motorización 1.8 de 180cv. Y tampoco lo va a poder reemplazar la nueva generación del Polo, que ya está presente en nuestro mercado importado desde la India para intentar (repito, intentar) ocupar ese bache de productos.

Habiendo sido el Polo el primer auto con el que incursioné en el manejo hace casi 15 años, la comparación será inevitable. Al fin y al cabo, fue el primer y último Polo que manejé.

A PRIMERA VISTA

Si bien antes uno podía diferenciar claramente un Volkswagen de otro, en el nuevo Polo la brecha de identificación se hace muchísimo más angosta. Durante toda la semana de pruebas nos cruzamos con gente que comentaba “¿Es el nuevo Polo?“, “¡Qué lindo que está el Voyage!“, “Es como un Vento, pero completamente distinto…“, “¿Es el nuevo Bora?“.

Y es que es así. El Polo es un Voyage más grande, con otro paragolpes y ya. Eso es lo que anda circulando por el consciente colectivo y nosotros estamos acá para desterrarlo completamente.

En todo el auto abunda completamente el family feeling de los diseños Volkswagen. El frontal cuenta con ópticas biparábola (que mejoran muchísimo la iluminación), luces diurnas integradas en los faros antiniebla y detalles cromados en el sector bajo del paragolpes y en la parrilla.

El lateral es muy clásico, con líneas rectas típicas de un sedán. Las llantas de 15 pulgadas son muy similares a las utilizadas en los Vento más accesibles y los espejos laterales cuentan con repetidores de guiño LED. Las manijas son color carrocería pero integran con un pequeño detalle en cromado también.

En el sector posterior continúan los detalles cromados, en este caso sobre el sector superior del portapatente. Las ópticas traseras cuentan con un juego de iluminación que da la sensación de iluminación LED (en realidad son incandescentes normales) y no cuentan con luz antiniebla.

INTERIOR

Cuando hablamos de vehículos importados de mercados extraños (por lo menos para nosotros, India es extraño todavía), cada país de procedencia tiene su estilo que se repite, independientemente de la marca que hablemos.

En nuestro mercado contamos con dos vehículos indios: el Hyundai Grand i10 (ver lanzamiento y cobertura) y el Polo. En ambos la buena calidad de materiales es directamente proporcional a la sobriedad del diseño del torpedo. A diferencia de vehículos del mismo segmento procedentes de México o Brasil, la presencia de materiales llamativos, plásticos brillantes o detalles coloridos está descartada. Todo el tablero es gris, poco juvenil y bastante pobretón visualmente.

Encontraremos detalles de otros modelos, como el tablero y el equipo de audio de las Amarok de primera serie (+1 para esto, tiene entrada USB, lector de memorias SD y iPod slot), el volante de toda la gama VW o la palanca de cambios de las cajas DSG, siendo una Tiptronic. Y también cosas específicas apuntadas al mercado indio, como el climatizador monozona exclusivo del Polo, la posibilidad de encender las luces antiniebla delanteras sólo si se encienden las bajas, o una extraña antena de GPS ubicada en el sector superior del torpedo si es que elegimos equiparlo con el opcional de navegador integrado.

Pero en lo que se destaca frente al Voyage (y a la anterior generación producida en Argentina) es en el confort de marcha y en la comodidad de sus butacas. Estas permiten regulación en altura, junto con el mismo ajuste del volante adicionando profundidad. Desaparecieron esas butacas incomodísimas que generaron miles y miles de lumbalgias a remiseros, taxistas y padres de familia.

Lo destacable también es el espacio interior. Nos encontramos exactamente en el medio del segmento B y C, compitiendo directamente frente al Chevrolet Cobalt, por si le queremos generar un contrincante. Por eso es bastante más espacioso que el Voyage, manteniendo la habitabilidad longitudinal del Bora pero sumando unos centímetros adicionales en ancho. Cinco pasajeros van a lograr acomodarse sin problemas, ubicando al más pequeño en el centro de la butaca trasera, contando con apoyacabezas y cinturón inercial de tres puntos. Adicionalmente, las butacas infantiles van a poder ser sujetadas con ganchos ISOFIX.

Este buen equipamiento de seguridad trasero se opone al equipamiento de seguridad general del auto: sólo doble airbag delantero, ABS y EBD. Para lograr destacarse en el segmento podría ofrecer por lo menos cuatro o seis airbags, y podríamos exigirle también el ESP de serie.

En cuanto a la capacidad del baúl, el Polo se enorgullece en ofrecer 454 litros; una medida acorde al segmento que está bastante por debajo que otros reyes de las valijas como el Cobalt o el Etios. De lo que no tiene para enorgullecerse es de la rueda de auxilio: una de chapa en rodado 14″ con neumático GoodYear Duraplus 175/70.

COMPORTAMIENTO

A la Argentina llega con un único motor naftero 1.6 CLS de 105cv asociado a una caja manual de 5 marchas o automática Tiptroinc de 6. Se trata de un motor que no tiene nada que ver con los 1.6 comercializados en la región y que sólo está reservado para mercados emergentes. Se comporta de manera correcta, con consumos acordes a su cilindrada y una rumorosidad bastante alta a elevadas revoluciones. Esto queda muy en evidencia con la caja automática al momento de acelerar: está muy lejos del comportamiento patinoso e insoportable de las automatizadas i-Motion pero también le queda mucho margen para llegar a la excelencia de una DSG. Es el combo intermedio.

Se lo siente mucho más confortable, con mayor aplomo en las suspensiones y con una mejor insonorización que vehículos de segmentos superiores. Los únicos detalles que incomodan un poco a la hora de transitar aparecen en la suspensión (de recorrido largo, golpea al expandirse por demás) y en la carrocería (cruje en los pilares si torsiona al pasar por terrenos desparejos).

Con el tanque de 55 litros el Polo puede recorrer 550 kilómetros en ciudad, aproximadamente, lo que se traduce en 10km/L de consumo urbano. En ruta el motor 1.6 no se destaca por ser glotón: 12.3km/L (8.1L/100km)  de promedio.

CONCLUSIONES

Volkswagen Argentina ya minó todos sus concesionarios con el nuevo Polo, adoptando una estrategia completamente diferente a la utilizada durante el lanzamiento del Golf en el que ni la propia marca sabía donde tenía unidades y donde no. Actualmente se comercializa a $258.942 para la versión automática probada y $244.728 para la manual, con una garantía de 3 años o 100.000 kilómetros.

Si tenemos que pensar en el Bora Boy que tuvo el sedán de Volkswagen durante los últimos años, el Polo no va a ser una opción para hacer el cambio. Apunta a otro público, a otro presupuesto y es de otro segmento. Pero vale la pena recordar aquel primer usuario del Bora, el que no lo pisteaba, el que lo compraba por ser un Volkswagen con todas las letras. Y ese usuario venía de un Polo, seguramente.

Así, exactamente así, fueron mis incursiones en el manejo. Aprendí a conducir en un Polo 1.9 de mi viejo: duro como una piedra, incómodo hasta para el más pequeño, básico y muy poco atractivo visualmente. Pero cumplía con su premisa: ser confiable, amplio, modesto y simple para que lo conduzca un hombre, una mujer, o un aprendiz con poca idea.

Y si bien aprendí mirando cómo eran los pedales, dónde estaba el embrague, cómo hacer los cambios y hasta donde acelerarlo, mi esencia fue siempre la misma: sabía que “de grande” me iba a dedicar a algo relacionado a los autos. No sabía a que, pero algo internamente me llamaba y me decía “si hacés algo que no te gusta, te vas a arrepentir“.

Hoy, 15 años después de conducir por primera vez un Polo, sólo puedo decir que no me duele la espalda y que tanto los más pequeños como los más grandes van a viajar cómodos.

En el resto… es un Polo. Y como en mi caso, la esencia es siempre la misma, pasen los años que pasen.

Feliz 2016.

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Fede Peralta Pahor