EN EL GARAGE

Con el nuevo lenguaje de diseño de Nissan a nivel mundial, el Sentra estrenó hace algunas semanas su model year 2017. Llega a nuestro país con la misma mecánica del anterior, pero con un estilo exterior renovado y algunas diferencias en cuanto al equipamiento (ver nota).

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Durante los años ’90 arribó al mercado local en pocas tandas siendo un vehículo con una escasa salida comercial, algo muy diferente a lo que ocurría en México, lugar donde se fabricaba. Allí, ese mismo Sentra sigue fabricándose bajo el nombre Tsuru y es uno de los autos más accesibles -e inseguros (ver tests de Latin NCAP)- del país azteca. Viniendo más hacia nuestros tiempos, la nueva generación (B14) también dejó un gusto a poco en el parque automotor local, hasta que finalmente la marca decidió comercializar de manera más contundente la generación B16, que se ubicó por encima del Tiida a precios bastante tentadores.

La generación B17 ya fue probada por nosotros (ver test) y ahora volvemos a entrar en contacto con una unidad, pero con el restyling recientemente presentado.

A PRIMERA VISTA

El diseño anterior de esta misma generación era uno de los puntos fuertes del modelo. Contaba con unas líneas muy llamativas y una terminación de los trazos que lo hacían parecer un auto mucho más grande de lo que realmente era. Ahora, con el rediseño, existirán detractores a los que no les gustará nada y defensores que lo verán más atractivo que el anterior. A mi gusto, me quedo con el viejo.

¿Por qué? Porque el diseño frontal era más personal (ahora se parece mucho a todos los otros modelos de Nissan) y porque su estilo norteamericano estaba a flor de piel, algo que ahora se pierde en un diseño a mitad de camino entre un vehículo Mercosur y un japonés. Cuestiones de gustos, ¿vio?