#OperativoNP300: La unión de “las mexicanas”, a 4600msnm

Llegamos. Logramos el objetivo de nuestro operativo: llegar a la última estación del cablecarril La Mejicana, a 4600 metros sobre el nivel del mar. Un viaje hermoso, del cual podríamos no haber vuelto jamás.

Con el domingo que tuvimos, las esperanzas de poder llegar a la novena estación de La Mejicana se habían casi esfumado. Estábamos exhaustos, teníamos que dormir algunas horas, habíamos ascendido a más de 4300 metros sobre el nivel del mar y al día siguiente teníamos que pensar que llegar al punto más alto del viaje nos supondría un incremento adicional de 300 metros más.

Pero bueno, nos acostamos relativamente temprano (2am) después de publicar la nota del correspondiente día, y tempranito a la mañana dejamos todo listo para salir directamente hacia La Mejicana.

Ese es el nombre del cablecarril que está ubicado en la ciudad de Chilecito y que fue construido entre 1904 y 1905 para transportar minerales desde el monte Famatina hacia el centro de la ciudad. Por La Mejicana transitaban 400 toneladas diarias de minerales a través de todo el recorrido, que contaba con 9 estaciones y un largo total de 35 kilómetros.

Para su construcción se utilizaron más de 1.000 mulas y asnos que trabajaron como animales de carga, transportando todos los materiales y a veces funcionando como “funebreras” (por la frecuencia de accidentes que sucedían en el lugar). La estación 1 está ubicada en el centro de chilecito y es una de las atracciones de la ciudad, declarada Monumento Histórico Nacional en 1982.

Luego de su cese de actividades por la limitación de explotación en el Famatina, el cablecarril fue puesto en funcionamiento para fines turísticos, pero un accidente que casi se lleva la vida de dos personas (se utilizaban las vagonetas de carga como aerosillas, hasta que una con pasajeros se soltó e impactó con otra vacía –ver video-) culminó abruptamente con toda actividad dinámica en el lugar. En los últimos años se construyó un camino asfaltado que une la Estación 1 con la Estación 2, la cual cuenta con un apartado de hornos donde se procesaban todos los minerales y se desempeñaba como el punto neurálgico desde el cual se traccionaban los ejes que movían todo el circuito. Esta Estación 2 es ahora un museo, que fue reconstruido hace pocos años y yace acaparado por el óxido de un centenar de años.

Hasta este punto uno llega por un camino asfaltado hermoso. De ahí en adelante, hasta la Estación 3, existe un camino de tierra, relativamente bueno, que culmina en dicha base. ¿Cómo seguimos entonces? Se debe viajar hasta el pueblo de Famatina, que se ubica a escasos kilómetros de Chilecito y desde donde se recorre una tangente directa hasta la última estación.

Famatina es un pueblo que se hizo famoso en los últimos años por su constante pelea con las mineras Barrick Gold, Osisko y Minais. Todas reguladas bajo el Proyecto Famatina, un convenio con el Gobierno para la explotación de la mina de oro en sociedad con Energía y Minerales Sociedad del Estado (EMSE) que contemplaba la utilización de cianuro para la separación de minerales y suponía la creación de más de 2.000 empleos. La modalidad de extracción de oro (altamente contaminante) fue lo que generó el repudio de la población que salió a las calles a parar la instalación de estas empresas. Ningún proyecto pudo llevarse a cabo.

Lo que sí queremos llevar a cabo es el último tramo de nuestro viaje, logrando unir a las dos mexicanas por un camino hipercomplicado. Pasamos Famatina e ingresamos al último poblado satélite antes de escalar el monte. Alto Carrizal es el último despojo de civilización que existe y ahí se sitúa el primer y único control policial.

Cerrado. Deshabitado. Pero con la barrera en alto.

Vamos.

Son 40 kilómetros en total, pasando por diferentes sectores turísticos a los que sólo se pueden acceder si tenemos un vehículo con doble tracción y con el suficiente despeje para poder transitar por este camino. ¿Y por qué hablamos de “suficiente despeje”? Porque la cantidad de enormes y flojas piedras que hay en el camino es abrumadora, además de transitar por 90 cruces de ríos distintos y tener un camino completamente poceado.

A medida que van pasando los kilómetros, el camino de tierra se va complicando y las piedras van dominando todo el escenario. Por suerte está señalizado como si fuera una ruta nacional y perderse es prácticamente imposible.

Los primeros kilómetros son fáciles, no hay problema en realizar el camino en tracción simple pero siempre avanzando a paso firme y calculando con exactitud dónde pisar. Avanzando más allá de la mitad del camino la cosa se va complicando un poco y por seguridad es preferible usar la doble tracción, por lo menos en alta, para asegurar el paso correcto. Como siempre, para transitar por las piedras, recomendamos inflar las cubiertas por encima de las 30 libras (para minimizar el contacto con las rocas) pero nunca pasarse de las 35 (una piedra filosa podría hacernos reventar la cubierta).

Durante muchos kilómetros el camino desaparece y debemos transitar por los lechos de los ríos, que no tienen una consistencia firme y los golpes en el chasis y en el chapón son recurrentes. Es por eso que arriba recomendamos viajar con un vehículo que sea apropiado.

El paisaje es dominado por una multiplicidad de colores diferentes. El primer tramo es una combinación de piedra caliza y ceniza volcánica, para luego transformarse en una explosión de colores que nos hace recordar a las clásicas postales de Salta. Hasta que en un momento todo se vuelve amarillo fosforescente y te encontrás en el medio del Valle del Ocre, rodeado por acantilados de 100 metros de alto de un color nunca visto antes.

Al cruzar por el río que dio origen al valle, debimos considerar utilizar la tracción doble, en baja. El camino se complica demasiado y el dinero en nuestra billetera desciende inversamente proporcional a la altura, que aumenta constantemente: estamos consumiendo 1km/L.

Sí. 1 tanque = 80 kilómetros.

Cuando nos dejamos de hacer cuentas para ver cuánto veníamos consumiendo, nos dimos cuenta que estábamos llegando al área minera; una propiedad privada que está abierta al público para poder ser visitada pero con carteles que invitan a retirarse del lugar. Pasamos por un obrador que era utilizado como refugio en la mina y al revisar el altímetro ya estábamos a 4300 metros sobre el nivel del mar, con un clima similar al que vivimos días atrás en Laguna Brava (ver nota) pero con un apunamiento galopante que casi nos juega una mala pasada, con mucha falta de oxígeno y pequeños temblores producto del abrupto cambio de clima. Pero nada nos importaba. Ya estábamos.

Ya habíamos llegado a la Estación 9.

En realidad, a unos metros de la estación. El último camino de ascenso era prácticamente imposible, con piedras que se caían producto del rozar del viento y con un ancho donde ni una moto podría llegar a cruzar. No tiraríamos todo lo bueno del viaje por apenas unos metros. Ya estábamos hechos.

Ya transitamos los 40 extenuantes kilómetros, escalando hasta los 4600msnm, pasando por lechos de ríos imposibles de cruzar, corriendo piedras del camino para no romper la camioneta, golpeando la Frontier en cuanto pozo profundo se nos cruzaba… todo para unir a las dos mexicanas.

Dos mexicanas que, tarde o temprano, terminaron siendo argentinas.

Más argentinas que nunca.