La Verificación Técnica Vehicular arrancó el sábado pasado en la Ciudad de Buenos Aires. De mil autos que acudieron en estos días, el 19% no aprobó los requisitos mínimos. Todos siguen circulando.

VTV-CABA-Larreta

Desperfectos en las luces, mal funcionamiento de los frenos o emisión de gases en exceso. Esas fueron las tres razones por las cuales el 19% de los autos que fueron a tramitar la VTV en estos primeros días fueron reprobados. El 71% fue considerado apto y el 10% restante manifestó desperfectos leves.

Pero este no es un dato para alegrarse. No es para decir “sólo el 19% estaba mal“. Hay que pensar que de 1.000 autos que fueron a verificarse, casi 200 no estaban ni en condiciones de llegar a la planta verificadora. Esos autos que tenían un faro quemado, una óptica rota, que no frenaban ante una situación de emergencia o que fumaban más que Cacho Castaña en los años ’80 llegaron así a realizar la VTV. Y salieron así también. Por la misma puerta.

Es que, si tu auto no cuenta con los requisitos mínimos de circulación, tenés 60 días para “normalizarlo”, si es que te acordás. Durante esos 60 días podés circular con la luz quemada sin problemas, o haciendo punta y taco para que los discos de freno te duren un poco más. Tan sólo si el auto se encuentra en un estado calamitoso la VTV se te rechaza y tu vehículo no estaría apto para circular en la vía pública.

Ahora bien. ¿Me retienen el auto? No. ¿Me multan por haber circulado así? No. ¿Viene una grúa y me lleva el auto hasta el mecánico? No. Entonces… si no puedo circular, ¿por qué me dejan salir de la planta verificadora sin problemas? Si cuidan mi seguridad y la de los otros automovilistas… ¿por qué me dejan salir con mi auto y una hoja que dice “rechazado”?

En Europa, la Inspección Técnica Vehicular (ITV) establece que si un vehículo cuenta con fallas de semejante gravedad como para rechazar la verificación (que sería ese 19% que no pasó en CABA) la autoridad competente que analiza la unidad tiene la facultad para poder retirar la matrícula del auto y evitar su circulación. Esto, acá, no se aplica.


Si cuidan mi seguridad y la de los otros automovilistas… ¿por qué me dejan salir con mi auto y una hoja que dice “rechazado”?

¿Estamos siendo blandos con los automovilistas? Sí, claro.

Es algo que conocemos muy bien en la Provincia de Buenos Aires. Puntualmente en el conurbano, reino de arreglos, coimas y “siga, siga” para continuar haciendo las cosas mal mientras las autoridades miran para otro lado.

Tal como mi “experiencia 2016” con la VTV en una planta verificadora de la zona sur. El día anterior a presentarme con el auto, noto que tenía tres luces traseras quemadas (dos de posición -tiene cuatro- y una de freno). Esa tarde me dirijo hacia una repuestera para comprar las lamparitas y cambiarlas yo mismo.

Esa misma noche, entre la oscuridad de mi jardín y el apoyo psicológico de mi gato, cambié las tres lámparas. ¿Para qué? Para que se queme la de freno que faltaba.

Ya no tenía margen para ir a comprar otra lámpara y cambiarla esa misma noche. No me quedaba otra que ir así a la VTV. Dije “Bueno, voy igual y, dentro de todas las cosas que me pueden llegar a observar del auto, van a ver la luz quemada. La cambio mañana y listo”.

No señores. Nada de eso. El auto pasó sin observaciones. Me dieron la VTV con una luz de freno quemada. Pero para mi sorpresa, el auto parece tener poderes sobrenaturales. El certificado que te entregan (que te detalla el estado del auto y es obligatorio tener en la guantera para cuando te realizan un control) decía que la bocina emitía 95db. Algo imposible de adivinar, ya que nunca me pidieron tocar la bocina.

Además, en relación al año anterior, el nivel de ruido del escape mágicamente bajó en 10 decibeles. Para poner un ejemplo práctico, una calle con mucho tránsito puede tener 75 decibeles, mientras que una sirena de policía puede llegar como máximo a 90 decibeles. La diferencia de 15db es mucha. 

Una experiencia similar tuvo mi madre hace un año y medio, aproximadamente. Su ya baqueteado Corsa Classic 2007 parece ser inmune al paso del tiempo. Con un tren delantero que se cae a pedazos, el año pasado tuvo una “regeneración” de la suspensión delantera, dando mejores resultados que el año previo sin tener modificación ni arreglo alguno. Pasó, obviamente.

Un conocido con un Peugeot 208 2013. Suspensión deportiva. Xenón trucho. “Medio equipo” de escape. Verificación OK. Sin observaciones.

Y esto no es algo que suceda en una única planta verificadora. Al no estar estandarizado el sistema (ni integrado entre los diferentes municipios), cada empresa tercerizada que se encarga de manejar una (o varias) plantas la administra a su gusto. Algunos te miden las emisiones, otros no. Algunos te piden los elementos de seguridad, otros no. Algunos te bochan por el polarizado, otros por tenerlo “bajo” u otros por ponerle escape deportivo. Y otros, por ninguna de las tres.

Claro, de control gubernamental, cero.


El sistema no está estandarizado ni integrado. Cada planta verificadora pide lo que quiere. Los dueños de los autos más castigados (o más modificados) aprovechan a ir a la planta que menos exige.

Lo que no es cero es el precio: en todas hay que abonar más de 600 pesos.

600 pesos que pasean, una vez más, dentro de un circuito con vicios, sin controles ni beneficios para los automovilistas. ¿Qué gano con la VTV? ¿Pago menos de seguro, ya que tengo menos posibilidades de causar un accidente? ¿Pago menos de patente? ¿Tengo una bonificación en la transferencia si es que lo vendo con la VTV?

No, nada. Sólo pierdo si es que no la cumplo. En realidad, pierdo de ambas maneras: 600 pesos al realizarla o una multa al no realizarla.

Creo que es hora de pensar en otras motivaciones para los automovilistas. ¿De qué me sirve haber pagado el “canon” de la VTV si mi auto puede circular 60 días más con fallas? ¿De qué me sirve hacer la VTV si la comparo con la del año pasado y dan cosas completamente diferentes? ¿De qué me sirve hacer la VTV si a la vuelta de la esquina me hacen un control y si los “decoro” con $300 me dejan seguir?

Ojo, no estamos en contra de la verificación. Creemos que, llevada a cabo de una manera integrada, organizada y con razón de ser (con descuentos a quienes la cumplen, con calificación de unidades por el estado/mantenimiento y con los castigos correspondientes si es que no se está “al día”) es una medida excelente que mejora el estado del parque automotor.

Tal como dice Fabián Pons, Ingeniero y Director del Observatorio Vial Latinoamericano, sobre la tolerancia cero del alcohol al volante: “El problema no está en prohibir o poner límites, sino en legislar cuando uno los rebasa. En Argentina seguimos pensando en el valor cero en la tolerancia -lo cual es una aberración técnica y práctica- en lugar de legislar. Para ello se necesitan dos cosas fundamentales: asesores técnicos que conozcan del tema en lugar de declamantes, y decisión política para atacar el problema en todos sus frentes con el máximo rigor posible”.

Traspolado hacia la problemática de la VTV, la cuestión no es poner límites anunciando que “se retendrá el auto a quien no cuente con la oblea habilitante” o divulgando los montos de las multas, sino legislar para controlar que los automovilistas no lleguen a esa instancia, que no aparezca don billetín en el medio y que los que realizan los chequeos vehiculares realmente estén capacitados para ello.

Si esto no sucede en ese orden (legislar, para luego limitar) el fantasma de la recaudación siempre dirá presente. Y los autos seguirán desfilando por las plantas. Tal como los borrachos al volante, que existieron, existen y seguirán existiendo.