La marca alemana que supo fabricar sus vehículos en Argentina durante los años ’60 regresa a los mercados mundiales después de más de 50 años sin fabricar autos. En Autoclásica anunciaron su retorno al país, aunque existen más dudas que certezas. Informe de ISR.

borgward

Autoclásica 2016 fue un evento particular. Si bien todos los años encontramos cosas interesantes para comentar, no deja de haber un 85% de unidades repetidas, un 90% de probabilidades de lluvia y un 100% de chances de que vuelva al año siguiente.

Pero en esta edición, las novedades de las marcas de vehículos 0km (o contemporáneos) fueron más importantes que las de los clásicos (ver premiación). Jaguar mostró el F-Pace que se lanzará en breve; Renault desplegó todo su arsenal Sport (con Mégane III RS, Sandero RS y Fluence GT2), sus próximos lanzamientos eléctricos (Kangoo Z.E. y Twizyver nota-) y dos unidades clásicas fantásticas (Etoile Filant y Gordini); y Borgward anunció su regreso al país.

Pará pará pará. ¿Vos me estás queriendo decir que Borgward, la marca alemana que fabricó el Isabella en Argentina y ahora está comandada bajo dirección china, ya aseguró su desembarco en el país?

Bueno, “aseguró” es un concepto demasiado arriesgado en este momento. Hace poco tuvimos otros proyectos “asegurados” para la Argentina (Velociudad en Zárate, Lamborghini Latinoamérica del amigo Joan Fercí, etc.) que nunca vieron la luz, por lo que tomaríamos -al menos por el momento- “con pinzas” los planes de Borgward. ¿Por qué? Por diferentes factores.

Primero, Borgward volvió a los escenarios automotrices en julio del año pasado, presentando su SUV BX7. La marca eligió regresar a las operaciones (después de más de 50 años sin fabricar autos) mediante el desarrollo de un vehículo de este segmento ya que es el de mayor crecimiento a nivel mundial. Su retorno fue comandado por Christian Borgward (el nieto del fundador Carl Borgward) en sociedad con Karlheinz Knöss y la automotriz china Foton, buscando “diseñar autos en alemania para ser fabricados en China”. La idea de Borgward es poder comenzar a vender sus autos en mercados emergentes. El BX7 ya se comercializa en China, y busca poder ganar lugar en India y expandirse a otros mercados. Argentina es un mercado demasiado pequeño como para ser el buque insignia del regreso al mundo.

El segundo factor es Chile. El país vecino recibirá en los próximos meses el desembarco oficial de la empresa, movimiento que la automotriz considera como un guiño de apuro para la Argentina demostrando que “están muy cerca de las raíces industriales del Isabella”. Vamos, ya sabemos que el mercado chileno poco tiene que ver con el nuestro y que se comporta en latinoamérica como un mix de mercados orientales y europeos, al no contar con industria local y tener libre comercio automotor. Chile no es un ejemplo de desembarco para nosotros.

El tercer punto que nos permite dudar de la llegada de Borgward a la Argentina es el intempestivo y sorpresivo anuncio que se realizó en Autoclásica. El CEO Global de la marca, Ulrich Walker, sembró más dudas que certezas al intentar aclarar el panorama: “Somos conscientes que Borgward tiene un prestigio excepcional en Argentina, como en otros países de América del Sur, y esa es la razón por la que estamos relanzando la marca en este mercado, iniciando un acercamiento para analizar la viabilidad de una posible actividad comercial en la región.”

¿Están relanzando la marca o iniciado un acercamiento para analizar si es viable o no? El sexto sentido que se desarrolla después de años en la industria me permite, por lo menos, inclinarme hacia la segunda opción, sobre todo al verificar que parte del comunicado enviado por la agencia de prensa de Borgward es un burdo copy-paste de la historia de la marca en Wikipedia.