El hatchback de segmento C sufrió un leve restyling que lo trajo de vuelta al mercado local. Nos subimos unos días para conocer al rombo que prioriza la seguridad antes que los espejitos de colores. Fotos por Manu Fernández.

El Renault Mégane es un auto del segmento C que llegó al mundo en el año 1995 en reemplazo del mítico Renault 19. Con sus cuatro generaciones que se lanzaron el año ’95, en el 2002, en el 2008 y en el 2015, en Argentina tuvimos la posibilidad de ver sólo tres de ellas, quedándonos estancados en la tercera, que se lanzó en el 2008 y fue pasando por diferentes restylings hasta su última renovación en el 2015.

A la Argentina llega una única versión, con un único nivel de equipamiento asociado a la clásica motorización naftera 1.6 16v K4M de 110cv de casi toda la gama Renault y en ISR entramos en contacto con una unidad para sacar conclusiones.

Esta tercera generación que se presentó en su momento en el Salón del Automóvil de Ginebra de 2007 tuvo tres diferentes carrocerías que llegaron a nuestro mercado: la 3 puertas (sólo en versión RS que contaba con un motor 2.0 Turbo de 250cv), la tricuerpo (que se fabrica en nuestro país y es el conocido Fluence) y la variante hatchback 5 puertas que llega directamente desde Turquía y es exactamente la misma variante que se comercializaba en Europa hasta hace poco. En el viejo continente ya no se vende ya que la cuarta generación la reemplazó, pero sí se ofrece la versión III RS como complemento de la IV GT.

En el frontal lo que encontramos de renovación en renovación es que las ópticas, el paragolpes y la parrilla fueron cambiando sucesivamente sin sumar grandes diferencias entre sí, sobre todo en esta última actualización. Con este restyling que se estrenó en Europa en el 2014 y recién llegó en 2015 a nuestro país, las ópticas quedaron un poco más filosas, el rombo se ubicó en una posición más predominante con un borde negro y se incluyeron más detalles en plástico negro, contando con luces diurnas LED y un paragolpes más marcado. La única versión que llega a nuestro mercado (Luxe Pack) ofrece faros tipo lupa -sin xenón- de serie.

En cuanto al lateral, el modelo turco casi no tuvo modificaciones: cuenta con nuevas llantas de 16 pulgadas multirayos, manijas color carrocería (pero molduras en plástico negro) y espejos exteriores eléctricos con repetidores de guiño. En la cola el único cambio aparece en las ópticas, que ahora son levemente más oscuras.

Si en el exterior los cambios eran imperceptibles, en el interior menos que menos. Lo que notamos en el tablero es que algunos detalles fueron eliminados, principalmente terminaciones cromadas o detalles de materiales soft-touch. Ahora cuenta con colores más sobrios y se lo nota con menos “pretensiones” que como se lo comercializaba antes.

El instrumental se mantiene en funcionalidad digital y analógica: velocímetro, indicador de combustible, temperatura y computadora de abordo son digitales, mientras que el tacómetro es analógico (con aguja). Las funciones de la computadora de abordo son simples pero cumplen su sentido a la perfección. Como detalle de color, el control de velocidad crucero y el limitador de velocidad (que se activan mediante los botones ubicados en la consola central, al lado del freno de mano) hacen iluminar un aro verde o rojo (dependiendo de la función) en el marco del velocímetro.

En cuanto a conectividad el Mégane III sigue ofreciendo el sistema multimedia R-link que funciona de manera muy grata, incluyendo navegador integrado, conexión Bluetooth y USB, y la posibilidad de reproducir archivos multimedia como imágenes y videos. Pero el punto en contra que tiene es su versatilidad. La pantalla queda muy lejana al conductor y es necesario despegarnos del asiento y estirar el brazo hacia ella para lograr seleccionar las funciones táctiles. Para contrarrestar ese punto en contra, el Mégane tiene una pequeña botonera desde donde antes se comandaba el stereo para ahora poder presionar los mandos principales, como subir o bajar volumen o navegar por el sistema de forma más limitada.

El punto que se mantiene sin alteraciones es la seguridad. Cuenta con 6 airbags, ESP, control de tracción, frenos a disco en las 4 ruedas, ABS con EBD, ganchos ISOFIX, cinco cinturones inerciales de 3 puntos y cinco apoyacabezas. En este apartado está más que aprobado, manteniendo el mismo nivel de seguridad que las versiones más equipadas que venían antes.

Lo que sí perdió es confort. Se eliminó el tapizado de cuero, el techo solar eléctrico, el detector de presión de neumáticos y las llantas 17″ que estaban llegando en las variantes Privilége.

Si hablamos de mecánica, los fanáticos del modelo no van a estar demasiado contentos. Con los vaivenes económicos a los cuales nuestro país está acostumbrado, Renault Argentina decidió discontinuar la motorización 2.0 16 de 143cv, dejando sólo como opción la 1.6 K4M de 110cv, asociada a una caja manual de 5 marchas.

Es un motor que funciona bien pero no sorprende por las prestaciones. Es el mismo que en un momento venía en el Clio, que se ofrece en el Logan y Sandero, que estaba presente en la gama Mégane hace tiempo, dice “¡Hola!” en el Fluence, funciona como el conjunto motriz de la Duster y hasta lleva cargas en la Kangoo. Con otras palabras, es el motor de casi todos los modelos del rombo, a excepción del Clio Mio y la Koleos.

Las reacciones son bastante perezosas y el consumo no es una eficiencia total, pero cumple como transporte diario. Olvidate de pisarlo a fondo para sentir adrenalina de un RS, pero tampoco vas a tener que estar con un trailer de combustible a cuestas. En promedio, el Mégane III recorre unos 10km/L.

Es por todo esto que el Mégane III apunta al cliente que todos deberíamos ser: aquel que prioriza la seguridad por sobre los espejitos de colores y la potencia. Sólo queda desembolsar los $353.400 que cuesta.